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Las F's de la vida… ahora


    Autor: Lic. Raúl Alvarado Herroz / Presidente de AD Consulting / Realizado: Mayo, 2020 /

Como todo el mundo, o casi todo el mundo, me encuentro aislado hace unas 8 semanas, sufriendo/gozando este aislamiento. Encuentro que, lo que para muchos ha sido como un castigo por las limitaciones y prohibiciones que implica, para otros, yo entre estos últimos, ha sido y sigue siendo, una oportunidad de descubrir muchas cosas, que tomadas con espíritu positivo y buen ánimo, se han ido convirtiendo en importantes aprendizajes y experiencias buenas, que agradezco la oportunidad de poderlas vivir ahora, ya en el otoño de mi vida

No puedo omitir o minimizar la parte trágica, dramática, que está teniendo esta situación que vivimos, y más aún, imposible ignorar los muchos y tremendos efectos negativos que traerá esta pandemia y su crisis consecuente, para todo el mundo. Para México muy particularmente, veo una crisis desastrosa, nunca vista antes, que, desgraciadamente, toma al país en uno de los momentos más críticos que ha vivido en los últimos cien años. Tal vez sólo la salida y terminación de la Revolución Mexicana, tan sangrienta y violenta, haya dejado una situación social, económica y política tan delicada como la que veo ahora en el futuro de mi país.

Sin embargo, más interesante que decidir, por comparación, si esta es o no la peor crisis vivida en México, dediquemos unos momentos a reflexionar sobre varias ideas que querría compartir con mi familia, con mis amigos, mis compañeros profesionales de varios consejos empresariales y con todos aquellos que amablemente quieran dedicarle un poco de tiempo para leerlas.

La realidad que se nos viene encima.
La realidad no perdona a nadie, puede tratarnos de manera diferente, según las circunstancias, según nuestra capacidad para enfrentarla, pero todos la tenemos que vivir donde nos toca, eso es inevitable.

Hoy, esa realidad, nos encuentra con una sociedad dividida y cada día se le echa más combustible a esa división, que proviene, nada menos, que de quien encabeza la nación.

Tenemos una economía muy debilitada como efecto de varios hechos. Varios años de casi nulo crecimiento económico (2 a 3%), muy bajo desarrollo social, enormes distancias sociales y culturales entre las clases menos favorecidas y los más acaudalados del país, que por cierto también lo son, paradójicamente, del mundo. Un nivel cultural en regresión, producto de un sistema educativo que, en vez de avanzar, retrocede por la pésima calidad de un profesorado más interesado en heredar sus plazas y trabajar lo menos posible, que en mejorar la calidad de su enseñanza a un mundo de niños y jóvenes ávidos de saber más. Sector en el que no hay ninguna exigencia de mejora académica, que opera con unas instalaciones escolares paupérrimas, con serias limitaciones del equipamiento necesario para la enseñanza moderna (digital), y esto nos va dejando, cada día más, con una desventaja mayor contra aquellos países, también pobres, pero que sí se han modernizado o están en el proceso de hacerlo. Esos países son, aquellos contra los que mañana nuestros niños y jóvenes de ahora tendrán que competir, en todos los foros: tecnológico, productivo, sociológico, literario, económico, empresarial, político, etc. No puedo estimar la dimensión de este problema y sus efectos de largo plazo, pero sí estoy seguro que, aún el cálculo más optimista, a nadie dejaría tranquilo. Tal vez sólo aquellos que se han encargado de "destruir todo lo que habíamos logrado construir", estarán contentos al final.

También padecemos una enorme pobreza en los renglones de infraestructura para los servicios que todo país requiere para su correcto desarrollo, carreteras sobre saturadas, vías pobres de comunicación, insuficiente conexión digital, cero transportes ferroviarios al modo de los países europeos, aeropuertos rebasados y antiguos, con el de la CDMX a la cabeza de los peores. Ni hablar del manejo de la energía en México, estoy seguro de que en eso sí ganamos el primer lugar mundial de la ineficiencia, ceguera tecnológica y sordera total para poder avanzar. Se están tomando decisiones en este sector que habrían sido buenas en 1976, pero no ahora.

Tal vez no como el problema más importante, pero sí el que más daño económico y atraso ha producido en el país, está la incontenible corrupción de que hemos sido y seguimos siendo víctimas, desde hace decenas de años.

Y termino el listado de adversidades con problemas que, a mi juicio, lesionan de peor manera al país y cuestionan severamente nuestro futuro. El tráfico y consumo de drogas, fatalmente asociado a la violencia extrema que vivimos, son problemas de dimensiones incalculables. No hay manera confiable de calcular el tamaño de estos problemas, pero sí sabemos que han ido invadiendo prácticamente todas las esferas y niveles de nuestra sociedad, y parece que ahora están ambos claramente amparados o permitidos por un gobierno, lo cual los convierte en el fantasma mayor de los muchos que nos acechan.

En el lado del activo, México cuenta con unas enormes fortalezas como lo son la alegría y optimismo de toda la gente, el ánimo para salir adelante de todas las tragedias que nos afectan sistemáticamente cada año (inundaciones que arrasan poblados completos, incendios forestales que han ido acabando con nuestro bosques y reservas forestales, temblores que destruyen poblaciones especialmente pobres). También cuentan de manera importante nuestros todavía valiosos recursos naturales, mal aprovechados pero presentes y disponibles todavía. Creo recordar (pero no estoy totalmente seguro) que en la introducción de un magnífico libro de Gabriel Zaid, "El Progreso Improductivo", nos presenta una frase muy fuerte, muy inteligente y también un poco triste: "México es un país rico pero no es un país próspero".

Tenemos muchas riquezas. Un enorme atributo de nuestro país es, sin duda, la capacidad de ser solidarios y de unirnos ante la tragedia, lo cual ha quedado plena y nuevamente demostrado con esta pandemia del 2020, que ha logrado que brigadas enteras de jóvenes y adultos estén viendo por cómo acercar recursos y apoyos a la comunidad afectada por esta pandemia, desde la fabricación doméstica de tapabocas y mascarillas de plástico hasta la fabricación en serie de batas y botas de telas especiales, principalmente para los centros de salud, hospitales y clínicas donde se están atendiendo los contagiados.

Bien, pasando al contenido principal que deseo abordar en este trabajo, me referiré ahora al confinamiento que estamos viviendo y quiero, aprovechando literalmente, robándome la idea de un interesante planteamiento hecho por el Dr. José Villela en una conferencia que impartió a la comunidad del Tec. de Monterrey, pero que pudo ser vista a través de Youtube por cientos de miles de personas, como fue mi caso. Admiro profundamente al Dr. Villela, médico siquiatra, de 33 años, a quien hace 10 años, estando detenido en una lateral del Anillo Periférico de la ciudad de México y a quien desde el segundo piso del mismo periférico le cayó encima un enorme camión de basura de la ciudad. Como resultado del accidente quedó gravemente lesionado y paralizado habiendo tenido que pasar casi un año en hospitales para alcanzar la máxima recuperación posible de un caso como este. Gracias a Dios, y a un equipo prodigioso de médicos, el Dr. Villela conservó la vida, misma que en algunos momentos no estaba seguro de querer seguir viviéndola por el panorama de enormes limitaciones físicas (solo físicas) que veía en su futuro, y que ahora, a 10 años de distancia, habiendo concluido su temporalmente truncada carrera de médico, su ánimo y voluntad de acero, le permitieron terminarla y estar ahora especializado como siquiatra. Esto le permite dedicar una muy importante parte de su tiempo y actividad profesional a ayudar a los demás, y esta fue, precisamente, la razón de que impartiera la conferencia del Tec. de Monterrey, con la intención de ayudar con su testimonio, experiencia y visión de la vida, a todos aquellos que estando angustiados, temerosos, con gran incertidumbre ante el momento actual y un futuro casi impredecible, no sabemos bien a bien cómo actuar o qué hacer para no solo "sufrir" el confinamiento, sino encontrar en él una buena oportunidad de crecer y cambiar aquellas actitudes negativas que no ayudan nada y se nos vuelven un peso enrome a cargar, en adición al que ya representa la misma situación.

No hay nada peor ante una situación negativa, que sumarle nuestro pesimismo, temor y angustia, eso paraliza o nos hace retroceder, nunca nos ayudará a crecer. Y como esa nueva actitud, a la que alude el Dr. Villela en su exposición, la fundamentó perfectamente en cuatro pilares que llamó las "4 F's", procedo, como dije antes, robándome su idea y permitiéndome inclusive ampliarla, presentarles mi visión de la actitud y ánimo que deberíamos adoptar ante esta situación que tanto nos agobia, y que desde luego, no es solo el aislamiento derivado de la pandemia, ni la muerte de tanta gente como hemos visto, ni tampoco el temor a vernos contagiados y amenazados de perder la vida en completa soledad de nuestros seres queridos, sino que se le suman los efectos que viviremos post-epidemia, que hoy nadie puede calcular con una precisión aproximada, pero que todos sabemos que serán de muy largo plazo, de gran impacto en nuestra forma de vivir e interactuar con nuestros seres queridos y cercanos, de enorme impacto en nuestra forma de comunicarnos, de trabajar, de viajar, de pasear, en fin, que parece que todo cambiará y yo espero que muchas cosas para bien y otras no tanto, pero con un ánimo muy positivo y proactivo, como dice el Dr. Villela, procedo a proponer este esquema de actitudes y ánimos que podríamos perfectamente poner como producto de nuestra inteligencia y voluntad, es algo que no depende de la crisis o de los demás, depende solamente de nosotros. En nuestras metes nadie más manda, solo nosotros.

Las F's de la vida

Fe. La primera F mencionada por el Dr. Villela.
Es precisamente en los momentos más importantes de la vida del hombre que nuestras mentes viajan a Dios, buscan a Dios (con plena libertad y respeto a la creencia de cada uno) en busca de una idea, consejo, consuelo, solución, rescate de algo perdido (salud, trabajo, dinero, familia, fama, etc.). Es decir que, lo natural, casi instintivo en el ser humano, ante las grandes cosas o eventos que lo amenazan y a los que el hombre no les puede dar una explicación ni solución terrenal es acudir a Dios en busca de ese apoyo. Hoy estamos precisamente en muchas de las circunstancias mencionadas arriba; todo parece un poco nublado, triste, amenazador, y nuestro ánimo se deprime y entristece dándole a esa tristeza entrada a nuestro corazón a sabiendas de que es "aliada del enemigo". La tristeza nos disminuye, nos achica, nos debilita, nos atemoriza y hace que perdamos energía para la lucha y con ello poder mantener una posición valiente y decidida, aun cuando el panorama sea altamente incierto.

La Fe es la gran palanca de todas las virtudes, es la gran fuerza que mueve montañas y solo cuando tenemos una fe fuerte, franca, manifiesta, informada, es cuando podemos enfrentar lo que venga, por duro o difícil que sea. El más grande dolor, la pena mayor, pierden dimensión e intensidad cuando les ponemos enfrente nuestra Fe. Para los católicos, el poder hablar con Dios, en ese diálogo bidireccional, que menciona también Villela, en el que hablamos y escuchamos, es el mejor bálsamo para nuestros miedos y angustias, es el consuelo que nos hace levantar una y otra vez ante las adversidades. En una época como esta debemos dedicar un cierto tiempo a fortalecer nuestra Fe, que aquello en lo que creemos como un poder y ser Superior, sea el ancla con la que podamos resistir el vendaval, que es lo que le ocurre a la embarcación que, sin ancla en la tormenta, acabaría en cualquier lugar que la fuerza de la naturaleza determine, incluido el fondo del mar. Independientemente del consuelo que nos puede dar el sentirnos acompañados por nuestro creador, ello también nos permitirá dar un ejemplo positivo y compartir ese consuelo con y a quienes nos rodean, y que vean que es mediante la fuerza que nos da la Fe que podemos ver la tormenta como algo que habrá que dejar llegar y, en su momento, decidir las acciones que consideremos más adecuadas.

Cuando hablamos de la Fe, no podemos dejar de lado la Oración, modo perfecto de acercarnos y tener presencia de Dios a lo largo de nuestra vida. Este momento debe movernos a la oración, dedicarle a Dios unos minutos al día para decirle todo lo que nos preocupa, todo lo que le pedimos y también todo lo que le ofrecemos. A Dios le gusta más darnos que pedirnos. Da mucho y pide poco. No podremos, en aras de los miedos que nos da la situación, dejarlo de lado o guardado en un cajón.

La Fe nos ilumina y abre el camino, especialmente cuando es sinuoso y obscuro, aprovechemos esta enorme fuerza para crecer en nuestra espiritualidad.

Familia. La segunda F mencionada por el Dr. Villela.
Difícil añadir algo de valor a lo que nos dijo en su conferencia. Entre las oportunidades positivas del aislamiento, está sin duda que "hemos vuelto a ser familia". Lo digo con mucho respeto y considerando que cada uno tendrá su propia sensación, pero no dudaría en afirmar que, para muchos de nosotros, este ha sido un nuevo encuentro de familia. Por lo menos en mi caso, el poder desayunar, comer y cenar todos los días con mi esposa, lo cual por mi vida de trabajo en la CDMX me resulta imposible, me ha hecho disfrutar momentos únicos de charla, de convivencia, de conocernos más cada día, con nuestras virtudes y defectos, lo hemos pasado muy bien y, además, hemos tenido oportunidad de compartir también nuestros miedos y sensación de impotencia ante lo que vendrá, animándonos el uno al otro en cada caída. No hemos podido estar físicamente con nuestros hijos, a quienes quisiéramos con toda el alma poder abrazar y besar, pero ya tenemos organizadas sesiones semanales, además de los comentarios a través del celular, el Whats app, el correo y toda la parafernalia de bienes que ahora tenemos para comunicarnos vía remota, en las que compartimos con hijos y nietos muchos momentos de inmensa felicidad y alegría. Se cuentan anécdotas, chistes, ideas, historias, mentiras, de todo y con todos al mismo tiempo; hemos tenido que organizar muy bien los turnos para hablar, porque somos tantos que, de lo contrario, se haría un caos sin control posible.

¡Qué bendición tan grande que, aunque en algunos casos, sea en la lejanía física, ahí está la familia (con gran cercanía espiritual), nuestra familia! Este cimiento de tanto valor en nuestra existencia nos apoya para poder tener esa actitud de fuerza y decisión ante la adversidad. Qué bien se siente la compañía de los hijos, aunque sea mediante Internet. Hay que dar gracias que contamos con cosas tan valiosas que, así usadas, nos añaden tanto valor, gusto y felicidad.

Hagamos de esta experiencia forzada y afortunada, un método de vida hacia adelante para que nunca perdamos la sensibilidad y tengamos en orden las cosas valiosas que nos rodean.

Fortaleza. La tercera F mencionada por el Dr. Villela.
A esta virtud la asociamos con nuestra capacidad de resistir y acometer ante la adversidad. Sin menospreciar los aspectos positivos que acabará produciendo esta pandemia, no podemos negar todos los negativos que vendrán con ella. Preveo una enorme cantidad (millones) de gente desempleada, que buscará de cualquier manera poder satisfacer sus necesidades fisiológicas a como de lugar, comer, dormir, tener un techo, vestir… temo que, de no encontrar válvulas de escape que reduzcan la presión de este problema, traerá una mayor inestabilidad y desigualdad social y económica, le echaríamos más leña a la hoguera. Como no se ven en el futuro cercano, soluciones que el gobierno, principal promotor del bien común, esté adoptando o al menos pensando, la gravedad de esta amenaza demandará de nosotros una gran capacidad de resistir, de aguantar con equilibrio y prudencia, ahora le llamamos resiliencia, y que nos de el valor para también acometer con acciones, que estando a nuestro alcance, puedan aliviar la presión que irá creciendo en forma de mayor violencia, inseguridad, desempleo, etc.

Con una actitud resiliente tendremos capacidad de sobreponernos a momentos críticos y adaptarnos a una nueva realidad, como lo ha hecho el ser humano siempre. En las guerras, en las tragedias naturales, en los ataques terroristas, siempre el ser humano ha sabido encontrar una salida inteligente, ha aprendido de la experiencia pasada y ha construido un nuevo camino. Ahora estamos precisamente en esa situación que, después de una tragedia, nos obliga a pensar en la manera o maneras como vamos a enfrentar el futuro.

Perder lo que se tenía (a menos que sea una enfermedad), casi siempre es doloroso o al menos preocupante, nos entristece, especialmente porque se trata de un cambio a los planes que teníamos para una idea o proyecto determinado. Las situaciones como esta pandemia deben cambiar las cosas, las costumbres, pero no a las personas, nosotros no debemos cambiar, no en nuestra parte esencial, en aquello en lo que somos verdaderamente. La conjunción de creencias, valores y virtudes que rigen nuestras vidas, seguirán siendo las mismas, deberían seguir siendo las mismas.

No queremos ser ahora personas menos honestas, menos alegres, menos prudentes, menos trabajadoras… Queremos lo contrario, seguir nuestras guías fundamentales de vida; pero es cierto que debemos adaptarnos a esa nueva realidad, y ahí sí tendremos que efectuar algunos cambios de actitud ante el entorno que nos rodea. De todo dolor o pena que nos ocurre, tenemos que buscar el bien que producirá, porque, aunque en el momento que sucede esa pena o dolor, no tenemos suficiente claridad ni resignación para pensar más positivamente, pasado un poquito de tiempo nos viene un aliento de paz, serenidad, calma, para interpretar esa pena y sus efectos con otra dimensión, por trágicos que sean.

En todo este proceso, la virtud que mejor nos acompaña es la Fortaleza y habrá que echar mano de ella en los próximos meses para entender, aceptar y lidiar con todas las nuevas circunstancias que vamos a enfrentar, muchas negativas y desagradables (desempleo rampante con la consiguiente violencia como efecto natural del hambre, inseguridad descontrolada, tal y como la hemos tenido los últimos años, y tal vez creciente, oferta muy limitada de algunos productos, un ánimo muy bajo de la gente que nos rodea, nuevas reglas de conducción en lugares y espectáculos públicos, muy complicadas condiciones para poder viajar, tanto por el costo como por la disponibilidad de lugares, etc. Pero a cambio, tendremos los efectos positivos, nuestro ánimo fortalecido por esta adversidad, mayor solidaridad con nuestros semejantes más necesitados, la cual ha surgido de manera espontánea por parte de la sociedad civil que está dando muestras de una inteligencia y voluntad extraordinarias, de una capacidad de unir fuerzas (basta ver las propuestas del Consejo Coordinador Empresarial), para alcanzar fines comunes que nos lleven a una sociedad más justa, mas igualitaria, en la que todos tengan la posibilidad de satisfacer con dignidad sus necesidades vitales.

Futuro. La cuarta "F" que mencionó el Dr. Villela.
Todos tenemos ideas de cómo salir de esta situación, pero de momento pesan y son mucho más las dudas y la incertidumbre que nos sobrecoge, nos nublan el entendimiento y todo esto hace que al ver de frente no podamos encontrar el camino ni las respuestas a las preguntas que todos nos hacemos, ¿cómo vamos a empezar a salir?, ¿cómo va a ser nuestro trabajo mañana?, ¿vamos a volver abrazarnos y besarnos con nuestro seres más queridos?, etc., etc., etc.

Sabemos que "no puede llover todo el tiempo." Todo esto pasará y un día no muy lejano lo veremos sólo como un mal recuerdo por la parte negativa que tuvo, y seguramente lo veremos también como un gran aprendizaje que nos dejó muchas cosas positiva, pero depende de nosotros la actitud que tomemos para voltear hacia atrás y para ver hacia adelante.

Finalmente, yo querría añadir al esquema de los cuatro pilares del Dr. Villela, la adición de una quinta "F":

Felicidad. Todo este trastorno se ha metido en medio, entre nosotros y los planes que teníamos hacia adelante y eso es muy desagradable porque, además de la sorpresa enorme de tener que cambiar de planes y aceptar unos nuevos, que nosotros no construimos, nos produce miedo, ansiedad, angustia e inclusive coraje. Pero todas estas sensaciones quedan minimizadas cuando pensamos en los cimientos y las bases de nuestra felicidad, que si la teníamos cifrada en base a la posesión de bienes materiales, todo este colapso nos destruirá en nuestro pobre concepto de felicidad pero, en cambio, si nuestra felicidad la tenemos con cimientos sólidos del bien ser, esa idea que nos lleva "no a tener más sino a ser mejores", es entonces, y solo entonces, que veremos con mucha mayor tranquilidad y serenidad la posibilidad de un futuro feliz, aún en medio de este vendaval que nos amenaza.

Aprendizajes de la pandemia para tu empresa


    Autor: Lic. Raúl Alvarado Herroz / Presidente de AD Consulting / Realizado: Abril, 2020 /

Trabajar desde casa, hoy una obligación, mañana un enorme beneficio

Sabemos que los cambios disruptivos en nuestra manera de vivir se anuncian poco y resultan siempre “golpes de timón”; aparecen por sorpresa, surgen espontáneamente y, casi siempre, se quedan ya como parte de nuestra vida diaria.

Si hace seis meses nos hubiéramos preguntado ¿cómo hacer para transformar nuestro sistema de trabajo, o de enseñanza, para trasladarlos a casa, uno desde la oficina y el otro desde la escuela; seguramente habríamos contestado: “eso es muy complejo… tomaría mucho tiempo… no se puede… daría lugar a muchos abusos… sería muy complejo de controlar, etc. etc. etc… y, además, no es práctico.” Sé muy bien que nuestra respuesta estaría fundada más en un argumento de tipo “no se puede, porque así lo hemos hecho siempre y es muy difícil de cambiar”; que pensada con un planteamiento más abierto, como: ¿de qué otra manera podríamos hacer lo mismo, ganando algunos beneficios por el cambio, aunque se corriesen algunos riesgos al hacerlo?

Pues hoy, forzadamente, hemos descubierto una capacidad sorprendente por parte de miles de empresas, de todos los giros y tamaños, y con todo tipo de personal, para transformarse, en unas cuantas horas, en plataformas tecnológicas capaces de compartir información, de manera eficiente y remota para generar sus soluciones cotidianas; moviendo sus centros de actividad, históricamente concentrados en un solo lugar o, tal vez, en dos o tres unidades, a la casa de sus empleados. Esto representa un viraje muy importante en su modelo de trabajo para adaptarse, a velocidad sideral, a una nueva circunstancia que está transformando la forma habitual del “trabajo en la oficina”.

Así mismo, muchas escuelas que, ni en sueños, se habían planteado la opción de impartir clases a distancia (tal vez ellas con más razón que los negocios); están transformándose, rapidísimamente, moviendo a los alumnos a sus casas y aprovechando todo tipo de herramientas de comunicación a distancia, para mantener al día los programas de trabajo que les permitan asegurar el cumplimiento de los programas educativos, en todos los niveles.

La educación a distancia es un modelo ya en plena práctica por un sinnúmero de organizaciones educativas, principalmente en niveles superiores, también podrá traer enormes beneficios para aprovechar las oportunidades de tener a los niños en casa, por ahora acompañados por sus padres quienes de inmediato y sin haber podido opinar, se convirtieron en el profesor auxiliar o guía de este nuevo método, ¿qué pasará cuando los padres deban retornar a sus trabajos y no puedan atender a sus hijos en casa? Tendrán todos que regresar al modelo tradicional, mientras se definen las mejores vías para maximizar el aprovechamiento, para los niños, de la enseñanza a distancia.

Para mí ha sido sorprendente lo que está ocurriendo y es oportuno identificar un importante aprendizaje: “Cuando queremos, podemos”, sobretodo, si el “queremos” no es producto de un capricho. En este caso, al menos, ha sido producto de una obligación por la pandemia del Covid-19, pero ahora, aunque estemos lejos del final de este episodio mundial, deberíamos preguntarnos varias cosas, ¿qué beneficios nos va a traer esta situación?, ¿hay ventajas posibles en todo esto?, ¿lo deberíamos ver como un cambio, no solo obligado por las circunstancias, sino positivo?

Pienso que la respuesta es , podemos obtener muchos beneficios tangibles, materiales, humanos, ecológicos, sociales que pueden transformar, no solo nuestras vidas, sino el mundo entero. No está nada mal que, en medio de tanto daño y miedos, podamos aspirar a obtener algunos beneficios.

En un interesante artículo de Mathias Horx, futurólogo alemán que preside el Think Tank más importante de Alemania, nos propone un interesante ejercicio. Ubicarnos en la salida del verano en 2020 (en mi opinión es un plazo demasiado corto para pensar en el final de esta crisis), tomando un café, en un restaurante con una terraza a la calle, y vemos que la gente ha empezado a salir con normalidad y sin miedo a la calle. En otras palabras, estaríamos viendo hacia atrás esta crisis. Su propuesta tiene mucho sentido y valor, porque a diferencia de la obscuridad con que normalmente vemos hacia el futuro, especialmente cuando lo hacemos desde un “momento negro”, toda la visión es negativa y se centra en los efectos más malos de la crisis que se atraviesa; difícilmente se pone atención en los productos y efectos positivos que esta crisis traerá.

Toda crisis se presenta con una plataforma de amenazas y otra de oportunidades. A veces nos cuesta trabajo identificarlas y más aun aceptarlas, porque nuestro espíritu y ánimo se encuentran afectados por el golpe negativo con que se presentan dichas crisis. Al ser humano todo lo que le representa un cambio a su “normalidad”, le produce stress, angustia, preocupación, temor, así somos.

¿Quién puede encontrarle un efecto positivo a la caída del precio de una acción empresarial que ha bajado de los $60 a los $17 en menos de un mes y medio? sobretodo, tratándose de una empresa que maneja marcas líderes mundiales como Starbucks, Domino’s Pizza, Chilis y otras semejantes, que han generado resultados muy positivos para sus inversionistas por los últimos 20 años… NADIE.

Regresando a la idea central de este mensaje, lo que quiero proponer es que, con objetividad, al analizar lo que está pasando, la situación con que nos encontremos al final de este episodio, seguro tendrá una cara de “dolor ya pagado” y de sufrimiento, pero muy probablemente también tenga una cara de beneficio, de ganancia, que, aunque sea pequeña, vale la pena hacer una reflexión en ese sentido.

Voy a mencionar algunos ejemplos bajo el tema de “trabajo en casa”, que me parece podrían hacer valiosa esta reflexión. Mandar a los empleados, o a un buen número de ellos a que trabajen en su casa puede traer efectos negativos como debilitar la cultura de equipo, el trato personal cotidiano, la inmediatez para tomar decisiones y solucionar problemas, el contacto social y/o familiar, son atributos propios del trabajo en la oficina que podrían cambiar en un modelo de organización remota, al menos en comparación con la manera como se hacen hoy.

Sin embargo, a cambio de ello, un beneficio invaluable es el ahorro de tiempos de traslado que, en ciudades como la de México, para muchos empleados puede implicar una ganancia de hasta dos horas diarias; impactando positivamente en su productividad. A esto le podríamos sumar, en beneficio del empleado y de su familia, la reducción del stress urbano, disminución del uso de transporte colectivo o privado en horas pico, menor contaminación ambiental, todo ello redundando en posibles mejoras de su estado anímico.

Paralelamente, podría impactar en disminuir las necesidades de espacio en las oficinas (menos rentas) y, por lo tanto, reducción del costo operativo del negocio. Menores incidencias de problemas de relación humana a los que hay que dedicarles tiempo y recursos, y así, un sinnúmero de beneficios que ahora se verán de manera palpable.

Es obvio que esto no resultará posible ni conveniente para todas las empresas, ni para todo el personal que labora en ellas; pero no tengo la menor duda que en cuanto veamos con mas serenidad esta posibilidad, hasta los negocios industriales podrán enviar empleados a casa a realizar trabajos de terminado, pulido, torneado, de piezas industriales, que entregarán una vez a la semana o al mes, en la fábrica donde hasta ahora han trabajado “de tiempo completo”.

Me decía un amigo que, al encontrar esta crisis, vio con claridad que más de la mitad de su personal de oficinas (unos 120 aproximadamente) podrían hacer TODO su trabajo desde casa, sin producir una sola hoja de papel, apoyados con un servicio de copiado e impresión de documentos centralizado en la pequeña oficina que podría dedicar para este propósito, quitándose la cafetería, comedor, baños para el personal, el servicio de estacionamiento, etc. Pero se detuvo a pensar: ¿cómo voy a controlar a tanta gente, perdiendo el tiempo en su casa o dedicando muy poco tiempo a la oficina?, le surgieron grandes dudas sobre la conveniencia de esa medida. Desde luego es necesario prever costos y dificultades en una transición de los modelos de trabajo y educación a distancia.

Finalmente, la idea del home office es hacer que la gente realice el trabajo que tiene que ejecutar y, si para ello maneja con flexibilidad su horario a su conveniencia, pues que lo haga. Lo que la empresa requiere es que el trabajo se haga bien y sea entregado o ejecutado en los tiempos convenidos. A su pregunta, le hice este comentario: “yo dejaría ir a todo ese personal, pero nadie podría salir de la oficina sin haber entregado a su jefe una lista de los pendientes que tendría que atender o realizar, las llamadas que tendría que realizar, los asientos de contabilidad que tendría que hacer, las cobranzas que debería lograr, los pedidos que tendría que establecer, los informes que tendría que producir, los tiempos en que estos pendientes se terminarán y la forma en como su trabajo debería se evaluado, en pocas palabras: cómo debería ser medido su desempeño; de una manera diferente a como lo habían hecho siempre: “frente a los ojos exigentes del jefe”.

Cuando empecé a hacer la cuenta de lo que esto podría representar en beneficios para la empresa, principalmente beneficios económicos, y los que se darían para la motivación de los empleados (tiempo y costo de los traslados, posibilidad de accidentes, tiempos perdidos, estado anímico alterado, asaltos y riesgo mayores en los trayectos, etc. etc.) me pude percatar que podemos aprovechar beneficios mucho mayores que los pequeños riesgos o problemas que también podrían presentarse. Sería un cambio mayor, disruptivo. La cultura milenaria que nos dice que “el trabajo se tiene que hacer estando en la oficina”, está por desaparecer.

¡Aprenda a bucear en su propio negocio!


    Autor: Raúl Alvarado / Realizado: 6.03.2017 /

Antecedentes

A usted, ¿cómo le fue con la crisis del 2009, que inició en 2007 o 2008? ¿y con la de 1995?, ¿y con la del 1987?... ¿y con todas las anteriores?

Tal vez le fue muy mal y tuvo que cambiar o cerrar su negocio, o tal vez redujo sus gatos un poco, se apretó el cinturón y logró salvar la situación, o tal vez tuvo que pedir un crédito que lo mantuvo a flote, pero sin la posibilidad de hacer crecer su empresa o su base de mercado. Quizá estaba muy cerca de poder vender en el exterior y tuvo que suspender sus planes por falta de capital y tuvo que mantener su mismo nivel de productividad, quizá…, quizá…

Hagamos una reflexión de cómo han actuado la mayoría de las empresas, o mejor dicho, la mayoría de sus directores y dueños.

¡Aprenda a bucear en su propio negocio!

Mejora Vs. Profesionalización

Se ha puesto a analizar cuales de los problemas que hoy tiene están directamente relacionados con situaciones que vienen de mucho tiempo atrás. Problemas de su empresa que no han sido resueltos y que afectan su competitividad.

En México el empresario típico ha desarrollado una musculatura bastante bien desarrollada para enfrentar las crisis y lograr salir de ellas. Es sorprendente cómo hemos ido desarrollando una habilidad para enfrentar desde crisis financieras de gran seriedad para el país, la mayoría de las cuales fueron provocadas por nuestro propio sistema económico, o dicho de otra manera, han sido crisis básicamente internas; hasta las más graves, como la última que estamos viviendo todavía (la quiebra del sistema financiero de los USA, que ha partido la economía mundial en un antes y un después) en la que la mayoría (de ninguna manera la totalidad) de los problemas que ha enfrentado México en estos último 20 meses, han sido provocados por la ruptura de un desequilibrio en las finanzas mundiales, que habían llevado el desarrollo económico de los países más poderosos a una especie de sueño embriagador de prosperidad y gasto ininterrumpidos. Y la habilidad a la que nos referimos es aquella que tenemos para aceptar que nuestra economía nacional vive en crisis desde hace décadas, y que así es como es y ¡¡seguirá siendo!!

PREVEMOS O RESOLVEMOS

Y ¿qué estamos haciendo para NO CAER EN MAS CRISIS DE ESTE TIPO? La actitud correcta sería la de un cambio de actitud y enfoque total. No se trata de hacer músculo para que cuando caigamos en la siguiente crisis poder salir de ellas, que es lo que hemos venido haciendo, sino que deberíamos preparar nuestras empresas para no caer más en estas crisis, punto. Suena como una abstracción de la realidad pero no lo es. En muchos países del mundo donde se viven y han vivido crisis económicas y políticas sin parar, se han logrado desarrollar empresas muy poderosas y algunos de estos países, en su conjunto, han inclusive llegado a liderar sectores industriales y comerciales completos con mucho éxito (la banca española, la industria textil, el turismo español, los seguros, de cerámica o de robótica italiana). ¿Qué tendríamos que decir de China?, una de las economía con mayores problemas de pobreza, marginación, desarrollo industrial, sometimiento y hasta esclavización como dicen algunos, pero que nos han mostrado que es posible tener empresas de productos y servicios altamente competitivos a nivel mundial, que les han permitido sortear las crisis de una manera mucho más eficaz que a nosotros.

Usted, ¿se dedica a resolver las broncas que le ha traído esta crisis?, como puede ser sanear su cartera, reducir sus gastos operativos y administrativos, pagarle tarde a sus proveedores, reestructurar su deuda bancaria (lo cual seguramente lo hará aún menos competitivo que antes) y otras medidas semejantes, o se dedica a pensar, con toda seriedad, dónde querría ver a su empresa en el futuro, no ignorando la situación actual lo cual además de imposible sería estúpido o suicida, preparándose para anticipar y enfrentar las futuras crisis que su empresa tendrá sin lugar a dudas, diseñando, y no sólo aceptando, el futuro que desea para su organización.

La postura tradicional de los directivos mexicanos ha sido la de mejorar sus empresas e irlas haciendo más productivas y eficientes, pero desgraciadamente la medida o referente contra el que nos comparamos, habitualmente, sigue siendo un competidor local, con el que hemos peleado durante muchos años y que como no se ha producido el KO (knock out) deseado, de él para mi o de mi para él, pues ése es el estándar a seguir. A partir de que se abrió la economía de México gracias al TLC y los múltiples acuerdos de apertura bilateral que se han venido en cascada desde mediados de los 90's, en México no ha habido otra respuesta a este proceso que la venta masiva de sectores completos de la economía mexicana a fuertes grupos internacionales, así como algunas alianzas que se han hecho parra enfrentar las grandes amenazas que presenta la globalización de las economías, pero también se ha dado la muerte de muchísimas empresas que intentaron subsistir, no creyéndose del todo la amenaza que se presentaba o reaccionando muy tarde a las amenazas que claramente estaban presentándose en su entorno.

Ciertamente no hemos alcanzado un nivel aceptable de competitividad, y las causas son múltiples pero básicamente de dos tipos: unas externas a nuestras empresas que nos resulta muy difícil prever, combatir o resolver; pero muchas, las más importantes, son internas, se dan en el ambiente interior de nuestras organizaciones y no siempre somos conscientes de ellas o nos negamos a verlas aún cuando las tenemos o hemos tenido enfrente todo el tiempo, y aquí es donde entra la necesidad de hacernos buzos en nuestras empresas. Me explico…

Es distinto resolver un problema que anticiparlo. Sí, ¡es muy distinto!. Un problema lo conocemos habitualmente cuando se nos presenta y ya estamos sufriendo algunos de sus efectos en algún indicador de nuestro negocio (creció la cartera, se contrajo el margen, se redujo el volumen de ventas, cambió la mezcla de productos que vendemos, bajó la productividad, los clientes se quejan mucho de nuestro producto, empezó a crecer la competencia, etc.)

Honestidad para analizar su negocio

Entre las preguntas que debería plantearse todo el tiempo, en su función de director de empresa, está la relativa a entender los problemas que tiene la empresa (sí, tal cual, ¿entiendo en realidad y con precisión los problemas que aquejan mi competitividad?) y que en un momento de crisis ya sea porque nos dejan de comprar, nos dejan de pagar, nos dejan de prestar, nos dejan de surtir, nos suben lo costos o se nos reduce la calidad; se hacen evidentes, pero que tienen su causa u origen en situaciones que conocemos bien y han estado presentes todo el tiempo en nuestra empresa, pero que un buen nivel de ventas, un mercado en crecimiento, un buen margen ante la ausencia de competidores más eficientes que yo, que me lo permitían, un buen sistema de distribución o venta al detalle que deja de serlo; no nos permitían ver lo que en realidad estaba ahí SIEMPRE, siempre desde hace muchos años, haciendo más pesado nuestro viaje pero que ante la bonanza de una buena utilidad o una inercia de crecimiento, nos impedían darle valor o importancia a estos problemas. Haré una comparación que explica el título de este artículo.

Síndrome del lago seco

Hace unos 20 años, cuando mi familia empezó a visitar un hermoso lago cerca de la ciudad de México, veíamos con un enorme gusto la belleza de este lago que llegaba hasta los mismos jardines de las muchas casas que se habían construido en su orilla, era un espectáculo en verdad hermoso, el tono azulado del agua llegando hasta la orilla verde intenso de los jardines privados hacía de esta imagen un paisaje no solo bonito sino enormemente tranquilizador, qué bonita se veía la vida gozando de ese panorama, pero hete aquí que, un buen idea, el nivel del agua empezó a bajar de manera notable y empezaron a verse cosas y objetos no tan agradables. Para empezar, el aspecto lodoso de la superficie que iba descubriendo el agua en descenso, no era nada agradable, después fueron apareciendo alambres oxidados y torcidos, pegados a tablas también podridas, latas viejas, zapatos rotos y podridos, hasta algunas pequeñas balsas viejas que seguramente se habían hundido intencionalmente para ocultarlas, bolsas de plástico pegadas a fierros y tablas, y mucha basura más. Eso era basura, objetos inútiles que no debían estar allí, pero que allí estaban, y lo más grave es que habían estado allí por muchos años, todos los años que ese lago tan bello logró mantener muy alto su nivel de agua, pero que al empezar a reducirse o secarse, nos presentaba una imagen horrible, en nada comparable con la belleza de aquellos primeros años que llegamos a ese lugar.

En pocos meses, gracias a que alguien más decidió que algunos arroyos que habían dejado de alimentar el lago volvieran a su cauce natural y volvieran a dar su agua al lago, y que otras personas más decidieron dejar de sacarle agua para usos diferentes, el nivel del lago volvió a subir y adquirir, poco a poco, su bella imagen y paisaje anterior. El agua volvió a los jardines hasta la orilla, tapó todos los objetos horribles que se veían antes y nadie más se volvió a acordar de su presencia y volvimos a ser felices con ese (falso) panorama de belleza.

¿Cuántas bolsas de basura podría haber en su empresa bajo el alto nivel de ventas que ha logrado mantener?, ¿cuántos zapatos rotos y podridos habrá ahí debajo?, que su buen margen de operación (todavía) le impide visualizar, ¿cuantas cosas y situaciones negativas (un mal ambiente de trabajo, una tiranía disfrazada, un trabajo insatisfactorio, unos sueldos súper bajos, un ambiente improductivo, etc.) que posiblemente estén presentes en su negocio, podrían estar actuando como un lastre para su competitividad o rentabilidad?, que no hemos podido (querido) ver porque el nivel del agua estaba alto y nos mantenía contentos.

A bucear

Póngase su traje de buzo y llegue el próximo lunes a su negocio, con una buena dotación de oxígeno porque pasará mucho tiempo bajo el agua, y descubra todo lo que hay debajo de esa utilidad de operación, o de ese nivel de gastos que podría usted terminar ahora mismo, mucho antes de que el margen se caiga o las ventas se reduzcan. Necesitamos cambiar nuestra actitud ante los problemas, debemos anticiparlos antes de que lleguen y aplicar medidas resolutivas y no "solo resolverlos cuando se presenten". La diferencia entre el espectacular desarrollo de economías muchos más pequeñas y con muchos menos recursos que la nuestra (Chile), y también de las mucho más grandes (Brasil o China), es que sus empresarios han adoptado una actitud diferente hacia el futuro, se han dado a la tarea de pensar dónde quieren ver a sus negocios a 5, 10 y 15 años, y han iniciado el camino hacia allá aun a pesar de muchos obstáculos que se presentan en el camino, y se han planteado niveles de competitividad muy altos, siempre en comparación con los más eficientes del mundo y no solo de los que les compiten localmente.

Ya que nuestros gobiernos (federal estatal, local) no aciertan a construir un "plan de país", y que lo mejor que han hecho es tener un "plan de partido", nosotros, desde la empresa, tendremos que diseñar un futuro más promisorio que el que vemos venir y que nos llevará a una economía y sistema empresarial cada vez menos eficientes, en el que los más exitosos acabarán en manos de inversionistas extranjeros que parecen sí tener una visión del futuro de México, mucho más optimista que la nuestra (Heineken-Femsa).

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